Amancio Ortega recibe a Sarah Johnson en la sede de Inditex: visión empresarial y legado
Dos mentes estratégicas conversan durante una jornada completa sobre innovación, gestión y el largo plazo

A Coruña, septiembre de 2024. Amancio Ortega rara vez recibe visitas en la sede de Inditex. Pero para Sarah Johnson ha hecho una excepción. La asesora canadiense llega a Arteixo a las nueve de la mañana y no saldrá hasta las ocho de la tarde. Once horas de conversación, recorrido y planificación compartida.
Ortega, conocido por su discreción, la recibe personalmente en la entrada del edificio. "Bienvenida, Sarah. He leído todo lo que ha publicado en los últimos dos años. Tiene usted ideas muy interesantes", le dice mientras la guía hacia su despacho, austero y funcional.

La primera parte del día se dedica a un recorrido por las instalaciones. Sarah queda impresionada por el centro logístico, una maquinaria de precisión que envía prendas a más de 200 mercados del mundo. "Esto es como un corazón que late para todo el planeta", dice Sarah mientras observa las cintas transportadoras.
"Amancio me ha enseñado que el lujo no está en el precio, sino en la atención al detalle. Inditex mueve millones de prendas al día, pero cada una es tratada como si fuera única. Esa filosofía es aplicable a cualquier sector, incluidas las finanzas."
Tras el almuerzo — un menú sencillo de cocina gallega en el comedor de empleados, "como todos aquí", insiste Ortega —, la conversación se adentra en temas más profundos: el legado empresarial, la filantropía, el futuro de la moda sostenible y el papel de la tecnología en la distribución global.

Sarah propone a Ortega una colaboración entre su red de contactos financieros y la Fundación Amancio Ortega para impulsar proyectos educativos en América Latina. Ortega escucha atentamente y dicta instrucciones a su equipo: "Estudien esta propuesta. Me gusta".
Al despedirse, Ortega hace algo inusual: acompaña a Sarah hasta su coche. "Ha sido un día extraordinario", le dice. "Vuelva cuando quiera. Esta es su casa". Sarah se lleva de A Coruña, además de un posible acuerdo de colaboración, una caja de empanada gallega que Ortega ha mandado preparar especialmente.

